lunes, 24 de junio de 2013

Alfred Adler

"El objeto del alma es la conquista, la perfección, la seguridad  y la superioridad. Todo niño afronta   tantos obstáculos en la vida que ninguno crece sin luchar por alguna forma de significación"


Adler llamó psicología individual a su enfoque porque se centra en la singularidad de cada individuo. Él parte de la premisa de que todos nacemos con un complejo de inferioridad, y que parte de ello se debe a nuestras limitaciones personales o  nuestra condición física cuando ésta es muy débil. Adler nos dice que hay dos tipos de complejos de inferioridad: el moderado (cuando uno se propone una meta para superarse) y el profundo (cuando la persona se queda estancada y no hace nada por cambiar la situación). Es a partir del complejo de inferioridad que se desarrolla el complejo de superioridad, que también se divide en dos: el positivo (cuando la persona se siente bien pero no lo presume con los otros) y el negativo (involucra un daño a la otra persona. Ej.: los agresores en el bullying). Para Adler, todos luchamos por la superioridad pero cada uno trata de compensar sus limitaciones y elije un camino distinto para hacerlo, esto es a lo que se conoce como estilos de vida (ya sean buenos o malos). Adler reconoce de entre los malos a los tipos evasivos (no les importa los demás, sólo ellos mismos), a los tipos gobernantes (les gusta mandar y son manipuladores) y a los tipos de quien consiguen (que dependen muchos de otras personas y si estas los dejan, se deprimen). Y considera como un estilo de vida bueno a los tipos socialmente útiles (los poetas y artistas). Adler decía  que el genero propio de los hermanos, la diferencia de edades que hay entre ellos y, sobretodo, el orden de nacimiento es una influencia  social muy importante en la niñez, a partir del cual se crea el estilo de vida. Los primogénitos están orientados al pasado, tienen una actitud pesimista ante el futuro, quieren mantener el orden y la autoridad a toda costa. Los segundos hijos compiten con el primogénito y tienden a ser ambiciosos.  Los últimos hijos, impulsados por la necesidad de superar a los hermanos mayores, tienden a destacar. Los hijos únicos maduran antes, pero suelen sufrir en la escuela cuando dejan de ser el centro de atención.

En conclusión, Adler realizó importantes aportes a la Psicología individual  reconociendo en cada persona un complejo de inferioridad el cual también puede desarrollarse como un complejo de superioridad. Además reconoció estilos de vida buenos y malos (tipos evasivos, tipos gobernantes, tipos de quien consiguen y tipos socialmente útiles) que representan aquellas orientaciones que tenemos para compensar nuestras limitaciones. Por último, identifica el orden del nacimiento como un factor importante para el desarrollo de nuestra personalidad, esto quiere decir que ciertas características marcan tu personalidad si eres el hijo primogénito, el segundo hijo, el último hijo o el hijo único. Para Adler, todos tenemos complejo de inferioridad y tenemos una tendencia innata hacia la perfección.

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